Bernardo Elenes

Tres tiempos para decir tu nombre.- Ofrendo desde este rincón de letras, un poema que escribí hace tiempo, dedicado a las madres de los pueblos sonorenses y de todas las latitudes del sentimiento humano, con la emoción irrenunciable de un hijo agradecido

Bernardo Elenes Habas

Tres tiempos para decir tu nombre

I

Mujer de Cananea y Nacozari.

Mujer de Caborca y Tubutama.

Soñadora de luz,

Lactancia

labrando tu huella en el desierto.

Abriendo caminos en Altar,

en Sáric, en Cajeme, en Huatabampo.

Muchacha del Sonora constelado

por espigas de sol

y de futuro,

déjame que desborde mis palabras,

mis versos, piedras vivas,

lavadas con el agua del Río Yaqui,

vibrando con relámpagos de agosto,

brotando de tus manos,

de tus ojos,

de tu oleaje marino en que zozobro

mujeres yaquis

y me llena de cantos infinitos,

y me bautiza hijo:

Tu hijo de la sierra y de los valles.

Tu hijo de las costas y praderas.

Tu hijo de visiones inmortales.

Tu hijo nacido del silencio,

Del parto sensitivo de los tiempos…

II

Mujer de Sahuaripa y de Hermosillo,

amada de los ojos expresivos,

los que alumbran la historia

de mi pueblo,

Mujeres obreras

los que marcan la ruta del amor

en el verano

y llueven sobre mí aves silvestres,

y me dan su calor en el invierno,

cuando el tiempo se pierde

en los caminos

y se hace viejo,

como sahuaros y mezquites,

como viento cargando sus guitarras,

llorando cuando bajan de la sierra,

Mujeres jornaleras

besando las cruces de los muertos…

III

Mujer de Navojoa y Bacabachi,

de Álamos, Quiriego y Tesopaco,

muchacha de Cócorit y Vícam,

de resolanas metidas en la sangre:

Tú eres la luz que alumbras

Extensiones.

La que forjó familias.

La que llenó de vida

los pueblos y ciudades.

La que le puso nombre y voluntad

al horizonte,

motivando la siembra en la parcela;

buscando la veta en las entrañas

de la tierra;

esperando en los muelles

el regreso de las barcas;

desgranando las cuentas de Rosario

para que la lluvia

hiciera el milagro en los potreros;

cantando arrullos de Dios

ante la cuna,

pidiendo que el sol

le diera a tus poblados,

el soplo de la vida

cada día…

¿Cómo no despertar cada mañana,

mirando las espigas en mis manos;

sintiendo que corren por mis venas

arroyos de pasión y de esperanza;

sabiendo que puedo compartir

mis horizontes,

que puedo escriturar

a los niños del futuro

la visión plural que me enseñaste?

¿Cómo no sentir el beso de tu amor

por la llanura, por los desiertos,

los valles y montañas,

sin alambradas,

sin cercas, sin fronteras,

tan sólo como el viento que galopa,

que se reparte y se derrama

en el alma encendida de tus hijos?

Hoy sólo vengo aquí,

con mi canción comprometida,

con mi bagaje rural y sensitivo,

después de enfrentar tormentas

y temblores,

después de luchar

contra vicios y egoísmos,

después de mirarme

en los ojos limpios

de los niños de mi pueblo,

a recoger tu voz, tu sentimiento,

a desgranar la oración

que me enseñaste,

el juramento de luz por mis raíces,

a recordar Abuela, Madre,

Esposa, Hija,

La sencillez bendita de tu nombre…

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